Dicen detestarlo, pero, en el fondo… ¿quisieran tener a un Jafet Soto?

Jafet Soto es figura. En Heredia, un “dios”. Fuera de Heredia, un “demonio”. Pero figura al fin y al cabo. No pasa desapercibido.

El gerente general y DT campeón de Herediano se pone para que le den, pero parece no importarle. Es más, a veces da la impresión de ser una estrategia.

Soto Molina se coloca como pararrayos. Él atrae hacia sí todos los rencores.

Toda la atención y la tensión procura que le caiga a él, y así libera a sus dirigidos. Una estrategia que emplean acá técnicos como Hernán Medford y Jeaustin Campos.

Jafet Soto se hace odiar cada vez que tiene la oportunidad y hace el papel de válvula de escape para sus dirigidos cuando la olla de presión está a punto de explotar.

Así lo hizo este domingo, durante el juego de vuelta de la final que Herediano le ganó, 2 a 3, al Deportivo Saprissa en Tibás.

Cuando “El Monstruo” arrancó con furia y parecía que iba a arrasar con Herediano, en los primeros minutos, Soto Molina se hizo expulsar, aparentemente de forma irracional, porque reclamó una jugada intrascendente en medio campo.

El circo fue tremendo. Gritó, hizo aspavientos, se metió a la cancha, hizo gestos a la afición, cruzó la cancha por la mera mitad. El estadio se cimbró, el abucheo fue ensordecedor.

Pero, analizándolo en frío, nos dimos cuenta que luego de semejante bochorno, su equipo se calmó, tapó mejor los espacios y equilibró la contienda, ya con Hernán Medford en el banco. Dicen que "el fin justifica los medios".

Pragmatismo puro: Herediano ganó el partido y el campeonato. Entonces, le salió. Se vio mal, muy mal o pésimo. Pero le salió.

Ya había ganado Liga Concacaf al Motagua de Honduras (primer título oficial internacional de Herediano), clasificó a semifinales del torneo local, superó a Saprissa, eliminó a la Liga y volvió a triunfar sobre los morados. Cayéndole como le cayera a quien fuere, triunfó.

Por más odio que les dé a sus rivales, por más cólera, animadversión y hasta repulsión, en el fondo, muy en el fondo, intuyo que muchos quisieran tener a un técnico y/o gerente tan capaz de todo por su equipo, hasta de ponerse de escudo. Hasta de quedar mal ante el resto.

Quizás (o de seguro) con otro estilo, menos polémico, pero así de identificado con la causa.