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La leyenda de la "Casa de los siete ahorcados" se recuerda en Costa Rica durante estas fechas, denominadas "de los muertos" y donde se incrementan las excursiones nocturnas para ir a visitar la mansión, hoy en mal estado, lo que provoca un ambiente aún más misterioso.

Durante todo el año, son numerosas las personas, sobre todo jóvenes, que se desplazan hasta la casa para divertirse unos, y otros para trabajar con sicofonías y elementos paranormales, pero es entre el 31 de octubre y el 2 de noviembre donde las visitas se incrementan, según explicó a Efe un policía de la cercana comisaría de El Carmen, en San José.

"Este año sí hemos notado cierta disminución del número de curiosos, aunque se ha podido deber a las lluvias y a la vegetación que hace muy difícil el moverse por allí", añadió el agente.

La leyenda dice que en 1920, Otto Knöhr, propietario de la casa que le construyó su padre, y cabeza de una familia de cinco hijos, entre los 3 y los 8 años, salió a hacer unas gestiones a San José.

A la vuelta se entretuvo en una taberna, mientras su esposa se preocupó por la tardanza. Después de dar la cena a los niños y acostarse preocupada, escuchó varios ruidos que la alarmaron aunque, en principio, pensaba que era su marido. Tras comprobar que no contestaba a sus requerimientos, se atemorizó y se quedó paralizada en su cuarto.

Poco tiempo después oyó gritar a su hijo pequeño por lo que, alarmada, salió a atenderle, momento en el que recibió un fuerte golpe en la cabeza.

Tras despertar, observó horrorizada que sus cinco hijos colgaban muertos y que a ella la estaban ahorcando también. En un momento, y a pesar de su atontamiento, vio que la persona que estaba tratando de matarla era su marido que, una vez que consiguió colgar a su esposa, se ahorcó también arrepentido de lo que acababa de cometer.

La realidad es que no existe documento que avale este crimen.

Los propietarios de la casa, descendientes de la familia Knöhr, en principio, negaron la historia, a veces con malos modales debido al estrés que sufrían con tanta visita. Pero la "Casa de los siete ahorcados" fue objeto de excursiones, bromas, visitas intempestivas y trabajos parapsicológicos, sobre todo una vez que se hizo patente su abandono.

Su dejadez se produjo, al parecer, por desacuerdos en la herencia de la vivienda, y en la actualidad se encuentra pendiente de derribo para construir un aparcamiento, tras el permiso pertinente del Centro de Patrimonio del Ministerio de Cultura, que dio el visto bueno a la Municipalidad de San José para autorizar la demolición del edificio hace ya más de cinco años.

La casa, que combina elementos victorianos y neoclásicos, no está declarada como patrimonio a proteger aunque está ubicada en una zona de control "especial" por lo que le afectan normas distintas, aunque el edificio es irrecuperable, sin posibilidad de restauración, según determinaron los técnicos.

Todo lo contrario piensa la que se dice propietaria de la casa, Victoria Knöhr, de avanzada edad, que vive al lado y que se manifiesta "harta" de la leyenda y afirmó que: "no es cierta y póngalo usted bien claro".

Según dijo la señora a Acan-Efe, "la casa se va a rehabilitar y a ver si así terminamos con todo esto".

Victoria, que se manifiesta "muy cansada de los visitantes, que molestan, y hasta me insultan" no sabe de dónde salió la historia, pero que "no es cierta y es una invención". De hecho relata que algunas veces ella es la que hace ruido y enciende luces para ahuyentar a los molestos curiosos.

Una de las vecinas que asiste a la conversación interviene: "lo que pasa es que en Costa Rica no hay lugares de miedo y hubo que inventarse uno".