El presidente de Honduras, Juan Orlando Hernández, asumió el sábado un segundo mandato en el poder salpicado por el rechazo de la oposición que aduce que lo hizo mediante un fraude en las elecciones de noviembre de 2017 y el reto de reconciliar a su país, que sufre una crisis postelectoral.

Hernández asumió para el período 2018-2022 entre el descontento de las principales fuerzas de oposición, que además lo acusan de la crisis y la violencia desatada en algunas manifestaciones, varias de ellas con vandalismo, en protesta por el supuesto fraude en los comicios generales del año pasado.

Según la Alianza de Oposición contra la Dictadura, liderada por su excandidato presidencial, Salvador Nasralla, al menos unas 40 personas han muerto durante las manifestaciones, de lo que también culpa a Hernández por "ordenar" la disolución de las protestas por medio de la fuerza a través de los cuerpos de seguridad.

Nasralla aduce que desde los comicios de 2013, es la segunda vez que Hernández, del gobernante Partido Nacional, le ha arrebatado el poder mediante un "fraude".

En su segundo intento en busca de la presidencia, Nasralla fue propuesto como candidato por la Alianza de Oposición contra la Dictadura integrada por los partidos Libertad y Refundación (Libre), coordinado por el expresidente Manuel Zelaya, derrocado en 2009, y el Innovación y Unidad-Social Demócrata (Pinu-Sd).

El líder de la Alianza de Oposición no acepta los resultados del Tribunal Supremo Electoral (TSE) que el 17 de diciembre de 2017 declaró ganador a Hernández con el 42,95 % de los votos, frente al 41,42 % obtenido por Nasralla.

El rechazo a los resultados y la acusación de Nasralla de que fue víctima de un "fraude electoral", ha derivado desde el 29 de noviembre en una cadena de protestas que se repitieron el sábado en contra de Hernández, quien al asumir su segundo mandato dijo ser consciente de las diferencias políticas en su país.

Señaló además que para encontrar una salida a la crisis hay que sentarse a un diálogo, al que él mismo ha venido convocando y que en su opinión debe ser "abierto y sin barreras".

Pero Nasralla y Zelaya dicen que no creen en el diálogo que promueve Hernández, a menos que sea con un mediador internacional que sea aceptado por todos los sectores que participen en el mismo.

Nasralla considera que lo que diga el mediador internacional que pudiera ser propuesto, debe ser ley, no importa si define que Hernández debe seguir en el poder, que se repitan las elecciones de noviembre o que declare que el ganador de las mismas fue él.

Para la instalación del diálogo nacional Hernández ha pedido esta semana "apoyo técnico" a la Organización de las Naciones Unidas (ONU), mientras que en lo interno diversos sectores claman porque los principales protagonistas de la crisis se sienten a dialogar.

La Nunciatura Apostólica ha propuesto al director de la Pastoral Cáritas, German Cálix, quien se ha sumado a líderes de otros sectores para aproximar a las partes al diálogo.

Cálix dijo que la semana pasada se reunió por separado con el presidente Hernández, el excandidato del Partido Liberal Luis Zelaya, y los líderes de la Alianza de Oposición, Nasralla y Manuel Zelaya, y que todos se han mostrado "abiertos al dialogo".

Añadió que entre ellos hay "diferencias grandes en cuanto a los criterios de las agendas", pero que también están "convencidos" de que se necesita una mediación internacional, por "la falta de confianza" que hay en los sectores del país.

"Pienso que hay esperanzas, creo que hay muchos cambios que van a ser posibles en el sistema político hondureño, porque el actual ya no da para más, y mantenerlo sería una sordera política y no querer escuchar lo que el pueblo ha venido manifestando en todo este tiempo", recalcó Cálix.

También destacó la importancia de que Hernández, en su discurso de toma de posesión, haya señalado que está consciente de las diferencias políticas en su país y que para encontrar una salida hay que sentarse a dialogar.

La Alianza de Oposición ha advertido que mantendrá sus manifestaciones en su intento por sacar del poder al presidente, al margen de que se inicie el diálogo.

Honduras, que retornó a la democracia en 1980, no termina de consolidar su sistema por las ambiciones de poder de los políticos, quienes el mismo día que asume un nuevo gobierno comienzan su campaña pensando en las próximas elecciones, en un país con más del 60 por ciento de pobres de sus casi nueve millones de habitantes.