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El jefe de gabinete de la Casa Blanca, John Kelly, negó hoy haber tenido intención alguna de dimitir a la luz del escándalo de Rob Porter, un alto funcionario muy próximo a él acusado de maltratar a sus exmujeres.

"No tengo absolutamente nada por lo que considerar renunciar", dijo hoy el general ante un grupo de periodistas en la Casa Blanca.

No obstante, Kelly admitió los errores en el manejo de la polémica, y consideró que las declaraciones emitidas por la Casa Blanca alabando a Porter fueron un error.

"No nos cubrimos en gloria en términos de cómo lo manejamos. (...) Fue confuso", admitió Kelly.

Después de las revelaciones sobre Porter, circularon los rumores de que el presidente, Donald Trump, pudiera optar por sacar a Kelly de su Gobierno, algo que inmediatamente fue negado por el círculo más cercano del mandatario.

Lo que podría haber sido un incidente aislado se convirtió en un escándalo gracias, en buena parte, al apoyo incondicional que Kelly expresó públicamente a Porter cuando surgieron las acusaciones, y también debido a que se supo que el jefe de gabinete estaba al tanto de las denuncias desde hacía meses y no hizo nada al respecto.

Después de seis meses al frente del departamento de Seguridad Nacional, Kelly pasó a ocupar el puesto de jefe de gabinete (equivalente al primer ministro en Europa) en julio de 2017 con la misión de imprimir disciplina a un equipo marcado por el caos, las luchas de poder y los constantes escándalos.

El consenso en Washington es que sí ha logrado contener parte de la agitación en el Ala Oeste, pero también ha generado controversias que han erosionado su relación con el presidente, como la del propio Porter.