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Entre el calor humano y la compañía fiel de Odette y Fiorentino, así es la vida de Jeaustin Campos en Ciudad Quesada

 
La zona y el calor humano del sancarleño lo capturaron desde el primer día, confiesa. A pesar de que se consideraba 'citadino', Jeaustin Campos afirma que ahora prefiere vivir en la zona rural, aunque nunca sin la compañía de su perro Fiorentino y su gata Odette.
 
Jeaustin Campos madruga todos los días. Se levanta a las 5 a.m., alimenta a su perro Fiorentino y a su gata Odette, revisa los apuntes de la práctica matutina, desayuna una porción pequeña de gallo pinto con huevo, se toma una taza de café y luego se dirige al estadio Carlos Ugalde Álvarez.
 
El club lo instaló en un cómodo apartamento en Ciudad Quesada, ubicado cerca de la casa norteña. A veces opta por caminar al reducto, pero en otras ocasiones prefiere movilizarse en su vehículo.
 
La zona y el calor humano del sancarleño lo capturaron desde el primer día, confiesa. A pesar de que se consideraba 'citadino', reconoce que ahora prefiere vivir fuera de la Gran Área Metropolitana.
 
Campos describe Ciudad Quesada como un lugar acogedor, que "debería ser provincia, en lugar de cantón".
 
"La gente aquí es muy servicial, y muy atenta, siempre tienen la disposición de ayudarte, y la verdad hemos recibido muchísimo calor humano", reconoce.
 
Cada mañana, antes de partir a la práctica, Campos desayuna una porción pequeña de gallo pinto. Confiesa que, durante su estancia en Bolivia, subió de peso luego de una "cuarentena de casi cinco meses".
 
 
Le tocó un encierro agresivo en Suramérica, pues la pandemia no le permitía regresar a Costa Rica. Cuando finalizó su vínculo con el Nacional de Potosí, optó por moverse a Santa Cruz de la Sierra, la ciudad que mejor conocía, pues aquí residió con anterioridad, cuando dirigió al Blommings.
 
En este tiempo de soledad, su peso se vino arriba. Lo supo desde el día en que le empezaron a doler las rodillas, el termómetro que suele utilizar para medir si su estado de forma es el mejor, o está pasado de kilos.
 
Cuando se instaló en San Carlos, optó por someterse a una dieta un poquito más estricta, en medio de un entorno saludable en todo sentido.
 
Reconoce que vive solo, pero este tipo soledad sí le gusta, pues es menos radical que la que se encontró en Bolivia, en donde le permitían salir de su casa una vez a la semana y enseñando el pasaporte.
 
En San Carlos comparte con Fiorentino y Odette y cada ciertos días recibe la visita de su pareja, que se traslada a Ciudad Quesada para acompañarlo.
 
De todos modos, cuando llega a la práctica diaria todo cambia. Sus asistentes, Gustavo Martínez y Erick Rodríguez, son parte de su burbuja.
 
Después de cada entrenamiento, los tres se quedan el estadio mirando videos, analizando al rival y planeando el siguiente partido.
 
 
Cuando se presta la oportunidad, Martínez, argentino de 47 años, prepara algún asado y lo comparte con sus compañeros.
 
En medio de las dificultades para compartir con sus amigos de la capital, Campos disfruta la mayoría del tiempo con Rodríguez y Martínez, quienes también viven muy cerca de su casa en Ciudad Quesada.
 
A la hora del almuerzo, el técnico se prepara una ensalada con pollo o pescado, y en la cena prefiere tomarse únicamente una taza de café.
 
En la noche, mira algo de televisión, preferiblemente algún partido o sino una serie, prepara la práctica del siguiente día y luego se va a dormir.
 
"De repente, el temor que uno siempre tiene a la soledad, en esta ocasión no me ha disgustado tener un tiempo para mí y lo disfruto, no soy de tener muchas amistades, pero sí fieles", confiesa.
 
 
Por el momento, conoce algunas zonas cercanas como Muelle o El Tanque, pero, en el corto plazo, espera conocer más destinos norteños.
 
Las medidas sanitarias y su trabajo le han impedido conocer a profundidad la Zona Norte, pero espera hacerlo pronto, cuando todo mejore.
 
Campos roza los 50 años y su discurso se percibe más comedido, en comparación con el técnico que 'incendiaba' las conferencias de prensa.
 
Aún así, entre corrillos se rumora que "llegó a poner la casa en orden" y a "sacar el látigo", aunque el técnico sostiene que su relación con los jugadores es buena y cordial.
 
"Me gusta compartir con los muchachos y mantener una buena relación, lo que sí no se negocia es el compromiso y la actitud", sostiene.
 
Por ahora, le satisface saber que solo ha perdido un partido desde que llegó a San Carlos, aún cuando reconoce que la falta de gol es todo un tema.
 
Campos disfruta del proyecto deportivo norteño y de su vida en Ciudad Quesada, aunque sin su pomerania Fiorentino y su gata Odette, todo sería más difícil.